LIGA ARGENTINA

Rodrigo Sánchez, el hambre de no conformarse y autosuperarse.

El rosarino de 30 años viene teniendo unas asombrosas últimas seis temporadas, transformándose definitivamente en uno de los jugadores que jerarquizó la Liga Argentina. Pero detrás de esto, está la historia de un pibe de Echetorsu que fue forjando su camino paso a paso, desde abajo, hasta convertirlo en este presente donde es absoluto dominante. Y no se conforma, y va siempre por más.

Por Lucas Leiva


Rodrigo Sánchez es sin dudas uno de los jugadores más importantes que tiene la Liga Argentina de Básquet, uno de esos jugadores que han jerarquizado la categoría en los últimos años, de esos jugadores dominantes, de esos grandes buscados año tras año por los equipos que quieren ser protagonistas y animadores del certamen. Jugador top, un 4-3 de renombre y sinónimo de desequilibrio.

Es difícil sostener este mote o mantenerse catalogado dentro de una categoría tan exigente, se torna hasta algo complejo sostener un nivel tan alto durante tanto tiempo, y no solo mantener ese nivel sino que además llevarlo más allá y superarse temporada a temporada. Y eso es justamente lo que le viene sucediendo al rosarino, de los más determinantes del presente, un jugador que ha ido rompiendo barreras año tras año, en una escalera hacia su techo que cuando uno cree que llegó al tope, Sánchez siempre sorprende dando un paso firme a un sólido nuevo escalón.

Los números son referentes en este aspecto: promedió 18,1 puntos, 8,1 rebotes y 3,3 asistencias en la pasada 2019/20 defendiendo los colores de un gran candidato como Oberá Tenis Club. ¿Cuál es la comparativa? En los últimos 5 años, todos dentro de Liga Argentina, había promediado 13,8 unidades, 6,0 rebotes y 2,6 asistencias, lo que nos marca la clara referencia de cómo elevó una vez más su rendimiento en el reciente curso del torneo.

Sánchez fue una de las figuras de un candidatazo como Oberá en la pasada 2019/20 (foto: Prensa Oberá TC)

Analizando estos últimos años del rendimiento de Sánchez también hay otras cosas más para destacar, como que su paso por Estudiantes de Olavarría ha sido brillante dentro de la categoría, contabilizando como máxima sus últimos dos años en el bataraz (15,0 puntos y 6,3 rebotes en la 2015/16; y 14,3 puntos y 7,3 rebotes en la 2016/17). El paso por Unión de Santa Fe en la 2017/18 también fue productivo (12,6 puntos, 5,8 rebotes y 3,3 asistencias, siendo este el único número que iguala a lo hecho también en asistencias en este último año con Oberá). Pero claro, otro recuerdo reciente es con San Isidro, subcampeón en la 2018/19, con otro papel de excelencia (14,2 puntos y 5,7 rebotes).

En resumen, en las últimas seis temporadas Sánchez ha realizado campañas importantísimas con equipos protagónicos, desde los subcampeonatos con Estudiantes (16/17) y con San Isidro (18/19), como así también el título en el Súper 4 con Oberá TC. Pero dentro de todo este gran presente se escribe una historia más profunda desde atrás, obviamente más allá de estos últimos 5 años, en ese trasfondo de un jugador de absoluta jerarquía que siempre fue armándose su camino en base a decisiones difíciles pero claves, apoyado en esos andar tan sólido, en ese paso a paso humilde pero resonante que lo transformó en la figura de hoy.

– Quiero irme un poco a esas raíces, porque la realidad es que hoy miramos mucho el jugador que sos y en el que te convertiste, pero detrás de todo eso está todo ese recorrido que te formó.
. Sin dudas. Mirá, yo hasta los 15 años jugué acá en mi club, en Echesortu de Rosario, club donde también jugó el Negro Carnovalle un tiempo. Después él se mudó y se fue a Regatas de Rosario, pero cuando eramos chicos jugábamos juntos. Arranqué a jugar acá desde chiquito, mi papá jugó toda la vida al básquet y mi hermano ya jugaba, entonces mi mamá me llevaba al club cuando iba mi hermano y me enganché. Es el club de toda la vida, el club del barrio, donde tengo mis amigos. Esto es como toda infancia, cuando uno es chico se va como acompañando lo que hacen los compañeritos y amigos del colegio, y la mayoría de ellos jugaba al básquet, así que me encantó desde el primer momento. Después, con el paso del tiempo, fui creciendo físicamente y empecé a jugar en las selecciones de la ciudad de la provincia y me empezaron a llamar los clubes en ese momento para reclutarme. Estaba muy de moda eso de ir a un campus a entrenar, te veían entrenar y después los entrenadores te llamaban si querían que vayas al club. A los 13 años me fui a España, estuve entrenando como un mes y diez días allá, cerca de 40 días, junto con otros dos chicos de Rosario como Alejandro Bortolussi que sigue allá y el Titi Cortés, y como era muy chico tomé la decisión de no quedarme. A los 15, después de dos años de seguir entrenando e ir a campus, me reclutó Boca.

Un logro soñado: campeón del Súper 4 con Oberá en febrero de este 2020 (foto: Prensa Oberá TC)

– Ahí arrancás tenés todo ese primer pantallazo, más formado como jugador.
. Claro, ahí arranqué un poco por así decirlo la carrera semi profesional. Me fui a Buenos Aires a los 15 e hice todas las inferiores allá en Boca. En ese momento el club estaba muy bien, la verdad es que teníamos una camada muy buena, con Lucho Tantos, Maxi Tabieres, Fabián Ramírez Barrios, Elnes Bolling, Martín Miner, Fede Aguerre, Facu Zárate también estuvo. La verdad es que era una camada a la que nos fue muy bien a nivel inferiores. Ganamos lo que en ese momento era la liga de cadetes a nivel nacional y la liga juvenil. Hice todas las inferiores en Boca hasta que a los 18 tomé una decisión de irme. Boca estaba muy bien deportiva y económicamente, y pegar un salto a la Liga en ese momento era muy difícil, es más, la mayoría de los chicos que te nombraba hoy están jugando Liga Nacional o Liga Argentina pero todos se tuvieron que ir del club, la mayoría se fue porque como el club estaba tan bien no teníamos posibilidad para que los chicos podamos jugar, había que ser muy bueno. Así que a los 18, cuando vi que entrenaba con el equipo pero que no iba a tener posibilidades de tener un roce contra jugadores más grandes, lo charlé con mi familia y decidí irme del club a préstamo porque el contrato seguía siendo de Boca hasta los 21. Lo hice para poder jugar en una categoría inferior y poder ganar experiencia, que era lo más importante. Siempre digo que si uno entrena todos los días no es lo mismo que jugar y tener una competencia real, con jugadores más grandes, de más peso y experiencia. Ahí fue cuando a los 18 tomé la decisión. Me vine a jugar a Rosario Central, acá en mi ciudad, que en ese momento jugaba Liga B, y creo que fue un punto de quiebre mi carrera. Recuerdo que llegué como el jugador 11 o 12, el entrenador de Central era Quique Lancellotti que ahora está en Central de Ceres, me llamó, era muy chico todavía, pero me explicó que la idea era llevarme de a poco para ir ganando unos minutos. Arranqué la temporada jugando muy poco y terminé la temporada jugando casi todo el partido. Eso me sirvió mucho como para crecer a nivel individual, en ganar experiencia y eso.

La temporada pasada, llegó a las Finales de la Liga Argentina con San Isidro (foto: Prensa San Isidro)

– ¿Después de Central saltaste a Unión?
. No, después me tocó media temporada más en Rosario Central y media más jugando en el Provincial de Clubes de Buenos Aires, lo que sería Liga C, en Belgrano de San Nicolás. Me tocó media temporada más en Sportivo San Salvador en Entre Ríos, también Liga B, y ahí fue cuando se cambió el nombre y empezó a llamarse Torneo Federal. Terminé de jugar esos 2 o 3 meses en Sportivo San Salvador, el club estaba complicado del descenso pero nos salvamos, fue un lapso muy corto que estuve ahí; y a la temporada siguiente sí pasé a Unión de Santa Fe, el primer Torneo Federal. Jugué una temporada en Unión y al año siguiente después me contrató Estudiantes de Olavarría, donde estuve 5 temporadas. La primera temporada con un gran equipo perdimos en semifinales, la verdad es que nos fue muy bien pero como todos saben el Federal es muy difícil de ganarlo; renové, y ya la segunda temporada logramos el ascenso al TNA. Olavarría es un club donde estuve muchos años y tengo grandes amigos, de ese grupo humano y deportivo no me voy a olvidar nunca más. Jugaban Juan Levrino, Juani y Leandro Mateo, Franco Pennacchiotti, Lucho Tantos, Fede Silveira… pudimos ascender ese año y después me quedé tres temporadas más en Olavarría.

– Ahí tuviste ese periodo en Liga Nacional.
. Exacto. Después de la última temporada en Olavarría donde perdemos la final por el ascenso contra Comunicaciones, me contrata Argentino de Junín donde estuve muy poco tiempo. Esa temporada estuve media en Argentino que me cortó y después pasé a estar la otra mitad de la temporada en Unión de Santa Fe. Terminó esa temporada y arreglé en San Isidro, ahí jugamos la final que también la perdimos, con otro gran año no solo a nivel deportivo sino también humano, y después de San Isidro en Oberá que fue esta última temporada.

– ¿Qué sentís con todo lo que te fue pasando?
. Y la realidad es que hice las inferiores en un club de Liga pero bajé directamente al Torneo Federal y fui subiendo año tras año. Creo que en este momento, si vos me preguntás, pienso que tomé la decisión correcta porque haber bajado de categoría para ganar experiencia y crecer como jugador me ayudó muchísimo a ser lo que soy hoy. Por más que seas el mejor del mundo entrenando si no tenés ese roce con jugadores más grandes se hace más difícil crecer como jugador. Por eso yo siempre a los más chicos siempre les recomiendo que si van a estar en un club donde no van a jugar, que tomen la decisión de irse, por más que estén cómodos, a un lugar donde puedan ganar experiencia y por ahí ganar un poco menos de plata pero sin dudas les va a servir como una inversión a futuro.

En 2009, con la selección de Rosario, jugando en ese entonces en Boca (foto: Básquet Rosario)
– Me quiero trasladar un poco a ese momento de la decisión de irte a buscar más minutos, porque sin dudas es una difícil decisión que tomar. ¿Cómo lo afrontaste vos? ¿Qué cosas pasaban por tu cabeza? Quizá algunos miedos o incluso un convencimiento muy fuerte de que estabas haciendo bien las cosas…

. La verdad es que nunca estás seguro de que por más que tomes una buena decisión y te entrenes todos los días, y tengas el talento para hacerlo que vas a llegar y ser profesional, trabajar de lo que te gusta… nadie te asegura eso. Es más, y siempre lo hablo, he visto un montón de chicos que eran mucho mejores jugadores que yo y que quedaron en el camino. Por eso te digo, la vida va dando vueltas y nadie te asegura qué va a pasar. Como el haberme ido a los 15 años de Rosario, nadie me aseguraba que hoy en día iba a ser jugador profesional y poder trabajar de esto. Pienso que son apuestas, y uno trata de que siempre que toma una decisión de ese tipo hacerlo al 100%. Y también soy muy creyente de eso, si uno hace las cosas al 100% lo bueno siempre viene.

– En estos tiempos de aislamiento donde a veces suele surgir ese tiempo para pensar… ¿Hacés alguna retrospectiva sobre lo que fuiste en ese paso a paso y lo que te convertiste hoy?
. No soy mucho de mirar para atrás. Obviamente tengo los mejores recuerdos, y siempre con ex compañeros charlábamos y recordábamos las épocas de inferiores de Boca, años que pasamos bárbaro y años de mucho aprendizaje. Ahí lo tuve a Ronaldo Córdoba como entrenador y creo que el o uno de los entrenadores más importantes que tuve porque me enseñó muchísimas cosas, cosas que cuando me fui de Rosario rumbo a Buenos Aires para jugar no las tenía incorporadas porque jugaba en un club de barrio, jugaba 3-4 veces por semana y pasé a entrenar mucho más tiempo… a profesionalizarme por así decirlo. Pero como te decía, no soy un jugador que mira mucho para atrás sino para adelante. Creo que eso sería conformarme un poco mirar para atrás y sentirme orgulloso por lo que logré. Hoy en día trato de mirar siempre para adelante y de pensar a futuro, de pensar que la temporada que viene tengo que mejorar esto o lo otro, mejorar números, que mi equipo vuelva a ser protagonista… siempre tratando de mirar para adelante y de crecer un poquito más año tras año. Por eso te digo que no soy de mirar para atrás y sentirme orgulloso, porque sería relajarme. Y al contrario, yo cada temporada que pasa quiero ser un mejor jugador.

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