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Entre libros, exámenes, dobles y triples: cómo es ser estudiante universitaria y basquetbolista en EE.UU

Las rosarinas María Victoria Fux y Chiara De Virgilio mezclan los apuntes de las clases con las planillas de sus partidos.

Por Mauricio Codocea
Clarín Deportes


Entre sus carpetas se mezclan los apuntes de las clases con las planillas de sus partidos de básquetbol. Reparten sus horas entre las metas académicas y los sueños deportivos. María Victoria Fux y Chiara De Virgilio son dos rosarinas que crecieron muy cerca una de la otra, que incluso compartieron camiseta (la del club santafesino Atalaya) y que hoy viven lo que alguna vez pasaron Pepe Sánchez o Pato Garino entre los varones: perseguir anhelos deportivos en universidades estadounidenses. ¿Cómo es vivir entre libros, exámenes, dobles y triples? Lo cuentan en diálogo con Clarín.

Es un sueño, es la vida que quería desde hace mucho. Me encanta el sistema, el nivel, cómo enseñan y cómo se dedican. Eso hizo que me propusiera venir”, explica Victoria, que acaba de cumplir 20 años y estudia y juega para las Highlanders del Instituto Tecnológico de Nueva Jersey, universidad de la máxima categoría de la NCAA.

Chiara, también de 20, jugó esta última temporada para las Vikings de Jefferson College, una universidad “junior”. Ahora pasará a NAIA, un espectro similar a la NCAA pero con programas de cuatro años de carrera, a diferencia de la entidad donde estaba, que sólo ofrecía dos. “Quiero hacerlo para tener mis estudios completos y seguir jugando”, justifica la joven, que defenderá la camiseta de la Universidad de Keiser en Florida.

No pudieron verse en Estados Unidos porque estaban muy lejos -a más de 1.500 kilómetros de distancia- y, claro, súper ocupadas. “La ciudad más cercana al campus, que está en una zona arbolada, es St. Louis y queda a 40 minutos”, cuenta De Virgilio, que por esa razón no salía mucho de las instalaciones. “No teníamos auto y vivía con otras tres chicas, dos de las cuales son compañeras en el equipo. En los tiempos libres miramos series o películas”, agrega.

La vida universitaria, dicen, es tal como se ve en la gran pantalla, aunque por lo general de este lado del mundo los largometrajes suelen estar ambientados desde la perspectiva varonil. “Viví en un edificio de residencia -cuenta Fux, momentáneamente de regreso en Argentina-, que es lo que ves en las películas: una habitación con dos camas, el escritorio, un pasillo largo donde están todos los demás chicos y chicas… Y es todo tal cual: las fiestas, las fraternidades y las clases“.

El reconocimiento por ser atletas existe y las sorprende. Le pasó en particular a Victoria, que en una ocasión fue elegida “jugadora de la semana”. Lo recuerda la pivote entre tímidas risas: “Lo publicaron en todas las páginas de deportes de la universidad. Encima, en todos lados hay pantallas y televisores y aparecía mi cara. Es como raro. Por ahí te cruzan y te dicen: ‘¿Vos sos la jugadora de la semana?. No sos famoso, pero te conocen”. Chiara agrega que ocurre “especialmente en universidades chiquitas como Jefferson”.

Las jóvenes deben mantener ciertos estándares como estudiantes para seguir compitiendo. “Tenés que tener un mínimo GPA (Grade Point Average, el promedio de calificaciones) para jugar y mantener la beca. Todos te hacen mucho hincapié en que sigas en las clases, te ayudan, te aconsejan qué materias cursar. Si reprobás alguna podés tener problemas, como no jugar. Hasta ahora no me pasó y espero que no me toque”, dice con una sonrisa De Virgilio, que aspira a ser kinesióloga.

Fux está en una universidad tecnológica y encontró una rama novedosa para orientarse académicamente. “La NJIT se especializa en informática, ciencias de la computación y matemáticas, y a mí mucho eso no me va (risas), pero estoy haciendo una carrera que se llama Ciencia, Tecnología y Sociedad, que me daría un subtítulo en ‘ciberpsicología’. Me llamó la atención eso: es como analizar la relación de las personas con la computación, las redes sociales y cómo se ven afectadas por eso”.

Dentro de la cancha, el juego al que estaban acostumbradas es bastante diferente. Chiara ni lo duda: “Acá prima lo atlético. Hay muchas jugadoras que saltan y vuelan para todos lados. Es muy dinámico, de transición y con poco tiempo para pensar”. En ese sentido, su paso por la Liga Nacional Femenina, donde defendió los colores de Vélez, la ayudó. “Jugar con chicas más grandes sirve mucho porque aprendés a pensar de otro modo, ves el juego distinto e incorporás una viveza que te ayuda a sacar una ventaja contra chicas de tu edad que no pasaron por esas situaciones de roce. Podés sorprender con algo que ellas no tienen previsto”.

Miti, que en la Liga jugó en Obras y disputó el último Mundial U19 con la camiseta argentina, dice que “en términos de jugadoras, una que juega en cualquier selección extranjera está en condiciones de medirse con una jugadora de buen nivel de acá que no esté en su Selección”.

Y ambas destacan la preparación: “Lo más diferente es la cantidad de tiempo de entrenamientos y la dedicación que se le pone. Es todo estructurado y organizado. En septiembre ya sabés qué día y a qué hora te entrenás en enero“.

Ahora sueñan y disfrutan este proceso. “Quiero vivir este momento porque sé que es uno de los más importantes que voy a tener en la vida -afirma Fux-, porque es una ventana para todo lo que va a venir después”. Completa De Virgilio: “Yo espero terminar la carrera y seguir jugando y el día de mañana probar suerte en Europa”.

Criadas en Rosario, el básquetbol las unió en Atalaya y hasta enlazó a distancia sus caminos en Estados Unidos. Imaginan una carrera en el Viejo Continente o, quién sabe, tal vez en la WNBA. Quizás alguna vez la camiseta albiceleste provoque el reencuentro. Mientras tanto, seguirán en la búsqueda de la excelencia, con la carpeta y la pelota en sus manos.

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